Cáncer y trasplante

Hoy traigo uno de esos post difícil de leer. Hoy toca esa clase de información que uno no está seguro de querer conocer.  No obstante, yo creo firmemente que el conocimiento siempre es bueno, que la información nunca sobra... si se la sabe dar el justo peso que merece, ni más ni menos; por eso escribo esta entrada. No soy de las que se agobian con las cifras, ni de las que ponen la tirita antes de la herida. Por el contrario, pienso que si en un futuro pudiera llegar esa herida, mejor disfrutar el presente y no perder el tiempo con lamentaciones. Hoy, aprovechando que se celebra el día mundial de la lucha contra el cáncer, voy a hablar de cómo afecta esta enfermedad a las personas trasplantadas y me temo que los datos no son de los que gusta oír. Estáis avisados antes de continuar.


Hace años que los médicos vienen observando que la incidencia de cánceres entre personas trasplantadas es superior a la media de la población. Los estudios sitúan el riesgo entre 2 y 5 veces mayor, dependiendo de factores como la edad, el tipo de medicación, los antecedentes, etc. Las cifras van creciendo a medida que aumentan los años de supervivencia del injerto, un acontecimiento (el de cumplir años de trasplante) que sin duda recibe con alegría cualquier trasplantado. Si durante el primer año de trasplante la probabilidad de padecer un cáncer se sitúa en el 4%, a los 5 años es del 13%, a los 10 del 28% y a partir de los 20 ya alcanza la elevada cifra del 40%. Esto significa que casi la mitad de los trasplantados que tengan la suerte de poder celebrar dos décadas de trasplante, tendrán que enfrentarse a la dura realidad del cáncer.
Las causas principales son tres: 
  1. La medicación inmunosupresora puede ser un factor favorecedor en sí; esto afortunadamente es algo más del pasado que ya no sucede con los nuevos fármacos.
  2. Un sistema inmunológico deprimido se defiende peor ante cualquier tipo de enfermedad, incluido el cáncer.
  3. Algunos tipos de cáncer están causados por infecciones víricas y de nuevo, como ya sabéis, una persona con un sistema de defensas deprimido es mucho más propensa a contraer infecciones.
Hace menos de un mes salían publicados en la revista médica JAMA Oncology, de la asociacn americana de médicos, los resultados de un amplísimo estudio llevado a cabo en Canadá entre más de 11.000 pacientes trasplantados de corazón, riñón, pulmón o hígado entre los años 1991 y 2010. En él se buscaban datos concretos sobre la mortalidad causa por el cáncer en personas trasplantadas; como ya imaginaréis también el pronóstico de la enfermedad es peor que en el resto de la población. Así, por ejemplo, tenemos 30 veces más probabilidad de que el cáncer de piel sea mortal, 13 veces más cuando se trata de cáncer de hígado, 10 veces más en el linfoma de Hodgking y 5 veces más en el cáncer de hueso. El motivo no son solo nuestras defensas bajas sino también la dificultad para combatir el cáncer adecuadamente, ya que un tratamiento agresivo puede provocar un rechazo agudo del órgano trasplantado.

Está claro que estar inmunodeprimido tiene muchos inconvenientes, pero es algo indispensable para que no se produzca el rechazo del injerto. Vamos que, leamos lo que leamos y por mucho que nos pueda asustar un tema, NUNCA debemos dejar de tomar la medicación que nos receta el especialista. Ya sería irónico perder el trasplante y enfermar por evitar la posibilidad (que no certeza) de sufrir un cáncer.

Pero no os he trasladado todas estas cifras para alarmaros o daros un motivo de sufrimiento, sino para remarcar lo importantísimo que es tomarse en serio todas las medidas de prevención que los médicos recomiendan: las autoexploraciones, la vida sana (comer bien, hacer ejercicio, beber con moderación y no fumar), acudir a todas las revisiones anuales (dermatología, oftalmología, ginecología,...) y todo lo que el médico aconseje. Porque la mayoría de cánceres son tratables y se pueden superar si se descubren a tiempo.

Como el cáncer más habitual en trasplantados es el de piel, os dejo a continuación algunas recomendaciones para prevenirlo:
  • Aplicarse protector solar de factor máximo, todos los días del año (los rayos UV atraviesan las nubes). Hay que ponerse cada dos horas pues el efecto se pierde.
  • Llevar sombrero, gorra o pañuelo para cubrir la cabeza.
  • Usar gafas de sol con protección UV.
  • Evitar las actividades al aire libre en las horas del mediodía.
  • No utilizar lámparas ni cabinas bronceadoras. 
Por supuesto la protección solar es muy importante, pero el sol no es el único factor desencadenante de un cáncer de piel como demuestra el hecho de que muchas veces aparece en zonas del cuerpo que raramente están expuestas. Por eso es fundamental hacerse revisiones anuales con el dermatólogo y, entre tanto, llevar un autocontrol y acudir al médico ante cualquier aspecto extraño de la piel; habitualmente oímos hablar de cambios en la coloración de un lunar, lunares irregulares, etc. pero ¡ojo! que también pueden aparecer otros tipos de lesión como zonas enrojecidas o descamadas o úlceras que no curan (no todo cáncer de piel tiene aspecto de lunar) 

En el año 2003 acudí al dermatólogo porque durante meses tenía en el dorso de la mano un círculo rosado ligeramente áspero que de vez en cuando se descamaba; siempre he sido una persona con la piel muy seca, así que pensé que lo único que necesitaría sería una crema hidratante mejor que la que usaba. En lugar de la crema la doctora me citó dos días después para extirpar aquella marca por medio de cirugía. La operación fue muy sencilla, se hizo con anestesia local y en un par de horas estaba de regreso en mi casa con 4 puntos de sutura. Cuando acudí para hablar de los resultados de la biopsia, la doctora me indicó que se trataba de una queratosis actínica, una lesión precancerosa que de no ser tratada puede derivar en un cáncer. Después de aquello y a lo largo de todos estos años de revisiones me han quitado con cirugía otros tres "lunares" sospechosos (en la espalda, el pecho y de nuevo en la mano) porque como suele decirse, más vale prevenir que curar. 

Espero que la información de hoy no os haya hecho sentir mal; no se trata de tenerle miedo al cáncer y vivir a partir de ahora obsesionados con él, pero sí de tenerle respeto y cuidarnos todo lo posible para no sumar más riesgos a los que ya nos vienen impuestos por nuestra condición de trasplantados.
 
Fuentes:
  • Dermatología DCMQ.com
  • Diario el mundo. Salud.
  • SaludExpertos.com
  • International Transplant Nurses Society (documento: riesgo de cáncer de piel en trasplantados)
 
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