Mi desencuentro con el frío (urticaria a frigore)

El frío ha llegado con fuerza a este rinconcito de Alemania donde ahora vivo, incluso han anunciado los primeros copos. Los días empiezan a advertirnos que, aunque aún queda lejos el invierno, aquí los otoños tampoco son nada desdeñables. Semejante estampa me trae a la mente mis peleas con el frío, que al parecer él y yo no somos buenos compañeros de viaje. Y no sé muy bien porqué (quizás no lo sepa nunca) pero nuestro desencuentro viene ya de lejos, todo empezó cuando yo era niña.

A principios de año ya os conté que me habían diagnosticado Síndrome de Raynaud, el cual provocaba que mi dedo se pusiera blanco por falta de riego sanguíneo; síntoma desencadenado ¡cómo no! por el frío. Pero esta vez voy a remontarme mucho más atrás, pues como os digo, el frío y yo venimos peleándonos hace tiempo.

Todo empezó un verano. ¡Sí, sí, era verano! Eran las siete de la mañana, refrescaba bastante y yo solo vestía unos pantalones cortos y una camiseta de tirantes. Tenía 11 años y estaba pasando las vacaciones en casa de unos amigos agricultores. Habíamos ido a recoger melones y las gotas frías de rocío rozaban mis piernas y mis brazos. Al poco rato mi cuerpo se llenaba de granos y bultos y mi piel enrojecida comenzaba a picar de una manera terrible. Tras media hora de desesperante picor, todo volvía a la normalidad. "Debes haberte rozado con alguna planta" fue el primer y lógico pensamiento de mis padres cuando se lo conté. Idea que pareció corroborada cuando transcurrió el verano sin que aquel episodio se repitiera.

Pero llegó el invierno y entonces empecé a sufrir aquellos ataques de urticaria y picor por todo el cuerpo con una frecuencia casi diaria. No tengo ni idea de cómo lo intuí, ni recuerdo mucho aquel momento pero sé que desde el principio les dije a mis padres que era por el frío. Pero soy consciente de que era una afirmación que costaba creer (hay que señalar que en aquella época no había internet, las cosas no eran tan sencillas como escribir en google "urticaria y frío". "Eso parece una alergia, vamos a pedir cita con el médico" sentenciaron mis padres, que al mismo tiempo me recomendaron observar qué alimentos comía antes de los ataques, pues en la ciudad ya no había vegetación a la que echar la culpa. Además yo siempre iba correctamente abrigada. 
En el médico todo se aclaró, confirmaron que efectivamente existía una especie de "alergia al frío" (así se la conoce popularmente aunque no es una alergia propiamente dicha) Es la urticaria a frigore.  El diagnostico no podía hacerse sin una prueba y ¿qué prueba me hicieron? Pues me sujetaron un cubito de hielo al brazo con un esparadrapo y me dejaron así un rato. El tratamiento fue mandarme antihistamínicos, como en una alergia, pero aunque los tomaba cuando tenía un ataque, recuerdo que no me hacían ningún efecto. Todos los días para ir al colegio me vestía con unos leotardos gruesos y unos pantalones de pana, camisetas de cuello alto, jerséis de lana, calcetines gruesos, bufanda, guantes... como si me fuera de excursión a Siberia. Pero todo daba igual, una vez al día todo mi cuerpo (excepto la cabeza) se llenaba de ronchas y el picor me invadía una o dos horas. Y a mí no me quedaba otra más que apretar los puños y luchar por no rascarme.
Aspecto de la urticaria a frigore (Sanitas.es)
Cuando por fin los días comenzaban a ser cálidos todo volvía a la normalidad y solo en ocasiones puntuales
saltaban las alarmas, como al meterme en una piscina con el agua muy fría o en un lugar con el aire acondicionado a tope. Poco a poco empecé a intuir que no solo el frío intenso podía provocar un ataque sino también el simple hecho de pasar rápidamente de calor a frío.  Aquel contraste de temperaturas era la explicación de porqué tenía un ataque diario en invierno, y a veces hasta dos o tres, aunque llevara encima más capas que una cebolla. El simple acto de salir del colegio y pasar del calorcito de las aulas al frío de la calle era suficiente para desencadenar la urticaria. Aprendí a vivir con ello y aguantarme, porque los médicos no nos daban ninguna solución. Y de pronto, tres o cuatro años después, me percaté que estábamos en pleno invierno y en mi cuerpo no habían brotado aquellos malditos granos ni una sola vez. Y aquello fue todo; la urticaria a frigore se fue de mi vida igual que llegó, silenciosa, sin avisar... Ten por seguro que no te echaré de menos.


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Comentarios

  1. Es curioso cómo algunas cosas tal como vienen se van (ya podían hacer otras lo mismo, no es por nada ejem).

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    1. Je,je ¿eso quisiéramos verdad? Si al menos se quedasen pero calladitas, sin dar mucho la murga ;)

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  2. Entonces asi como llega se va? no hay medicamento o tratamiento que cure esta reacción al frío?

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    1. Hola Ignacio, perdona el retraso en responder. Lamento no poder contestar tu pregunta pues sobre este tema no tengo más conocimiento que mi propia experiencia, que es la que cuento aquí y de la que han pasado ya más de tres décadas. Te recomiendo que consultes la web de la asociación de afectados de urticaria crónica www.urticariacronica.org seguro que allí podrás encontrar mejor información.
      Feliz día :)

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