El embarazo. Mi camino hacia la maternidad (con un trasplante de riñón) Parte VII

Aprovechando que hoy (15 de mayo) se celebra el día internacional de la familia, me he decidido a escribir por fin el último capítulo dedicado a mi largo viaje hacia la maternidad.





La última vez os conté que ya tenía el permiso de los médicos y había conseguido liberarme de todos mis fantasmas y concederme yo misma el derecho a intentarlo.

Retomo aquí de nuevo mis viejos cuadernos; esto fue lo que escribí:
Continuación de la parte VI

Llevo unos días sintiéndome extraña y me duelen ligeramente los pechos. Creo que estoy embarazada pero ¿serán las ganas? Sé que el cerebro te puede hacer interpretar la realidad de forma muy subjetiva. El retraso en la regla no me sirve para suponer nada porque toda mi vida mi periodo ha sido todo menos periódico, un carrusel de idas y venidas sin ton ni son. 

Fui a la farmacia y compré una prueba de embarazo. Superé la tentación de hacérmela corriendo y esperé al día siguiente porque las instrucciones decían que la primera orina de la mañana es donde más fácilmente se detecta la hormona del embarazo. Antonio volvía de un viaje de trabajo y quería recibirle con la sorpresa de que iba a ser papá, pero la sorpresa fue la mía al ver que la prueba daba negativo. Esto ocurrió hace una semana y yo sigo sintiendo en mi cuerpo algo que me dice que estoy embarazada. He leído que el test solo tiene una probabilidad de fallo del 1% pero uno no es cero, así que voy a hacerme una nueva prueba.

Esta vez Antonio y yo esperamos juntos los resultados; unos minutos tensos y después nos miramos y decimos al unísono "la próxima vez" Pero yo sigo convencida de que lo que siento no es normal, que algo está cambiando en mi cuerpo y conozco muy bien mi cuerpo después de tantos años de enfermedad y síntomas. He decidido ir al ambulatorio.

En la consulta de enfermería me piden una muestra de orina, introducen una tira reactiva dentro y me dicen que espere fuera. Son menos de diez minutos pero me parece que son interminables. Por fin sale la enfermera. "Tendrás que volver en una semana. Mira te hemos repetido la prueba dos veces y el resultado es muy dudoso" y me muestra las dos tiras que tienen un color rosa tan pálido que prácticamente hay que imaginarlo. 
Me marcho con un sabor agridulce. Dulce porque después de esto ya estoy casi segura de estar embarazada. Agrio porque un "casi" no me basta, hasta dentro de siete días no tendré un diagnóstico certero y no quiero hacerme falsas ilusiones mientras tanto.

Mi cuerpo está gritándome que algo pasa o al menos a mi me parece que grita. Solo han pasado dos días pero soy incapaz de esperar otros cinco más. Vuelvo a comprarme un test en la farmacia y esta vez ni siquiera espero a que llegue la mañana siguiente, ni a que regrese Antonio del trabajo. No sé explicar que es, pero mi cuerpo me está hablando a voces. Entro corriendo en el baño y sumerjo la prueba en la orina. No puedo creer lo que estoy viendo, según se va impregnando el bastoncillo la ventana del "si" se vuelve rosa oscuro, no he tenido ni que esperar, ha sido tan instantaneo que me cuesta reaccionar.


Así terminaban aquellos textos en los que durante tres años estuve descargando mis miedos y frustraciones entorno al deseo de tener un hijo. Supongo que después, ya embarazada, no sentí la necesidad de desahogarme en un papel, siempre he tenido tendencia a escribir más mis preocupaciones que mis alegrías. Y seguramente estaba mucho más preocupada en cuidarme y en preparar el recibimiento del nuevo miembro de la familia.

Lo que viene a continuación ya no es el relato de mi diario, sino una descripción de cómo se desarrolló el embarazo. Imagino que si algo te ha traído hasta estos textos probablemente estarás interesada o interesado en continuar leyendo.

Voy a resumir lo que apunté en el cuaderno  en el que voy anotando mi historia médica:

1.11.2001 Se confirma el embarazo

16.11. Voy a urgencias del hospital porque he empezado a sangrar. Me hacen una exploración y una ecografía vaginal. Me mandan a casa y me dicen que haga reposo absoluto y que vuelva si no dejo de sangrar.

22.11. Revisión con la Dr. Jañez. Me indica que el embrión se ha implantado demasiado cerca de la salida del útero y que el riesgo de aborto es grande. Para evitarlo debo hacer reposo absoluto y tumbada, ya que la propia gravedad puede ser un problema. Por lo demás todo está bien en cuanto al embarazo. Mi anemia ha aumentado un poco y me receta más hierro.

5.12. Me hacen una eco. El tamaño del embrión corresponde a 9,1 semanas de gestación. 

13.12 Me recetan unos comprimidos para los vómitos que desde hace 15 días tengo todas las mañanas. Y me aconsejan tomar un litro de leche entera a diario.

26.12. Revisión con el nefrólogo.  La infección urinaria por e-coli sigue dando positiva, así que tengo que seguir con el antibiótico como siempre. La creatinina es de 1,1.

30.1.2002 Me suspenden la medicación para las nauseas. Nueva eco, ya se distingue muy bien la forma humana. Los parámetros son normales. Me permiten hacer paseos suaves de 30 minutos, el resto del tiempo debo estar tumbada.

15.2. Screening de embarazo normal. La doctora me explica que los dolores en el útero y que se ponga a veces duro es normal y también los pinchazos que son debidos a la tensión de los ligamentos.

30.1. Eco del trasplante. Encuentran un quiste simple pero no hay evidencia de dilatación lo que indicaría que el riñón está bien.
El mismo día me toca ir al otro hospital para una eco del feto. Todos los parámetros salen acordes con la edad gestacional. Líquido amniótico, placenta y cordón umbilical de aspecto normales.

14.2. Eco y biometría fetal normales. Aumento en el número de colonias de E-coli, la tocóloga quiere que en nefro ataquen la infección urinaria con más fuerza.

4.3. El nefrólogo me aumenta la dosis de antibiótico. La creatinina es normal (1,1) pero el aclaramiento de creatinina es un poco bajo (67 ml/min).

22.3. Me hacen la prueba de la toxoplasmosis y sale negativa.

4.4. El aclaramiento de creatinina sigue bajando (53 ml/min) 

5.4. Eco y biometría del feto normales. Equivale a una edad gestacional de 27 semanas con una curva de crecimiento normal.

11.4. Me aumentan el hierro. El aclaramiento de creatinina ha mejorado (65 ml/min) aunque sigue siendo bajo.

23.4. La biometría fetal corresponde a 28,6 semanas aunque se supone que estoy de 29,4. No se observa nada significativo. La exploración de la boca del útero indica que sigue cerrada.

3.5. Me hacen varias pruebas: glucosa, citomegalovirus, toxoplasmosis,...

6.5. Revisión en nefro. Los valores siguen igual.

16.5. Se confirma "crecimiento fetal retardado" a partir de ahora además de ecos me harán registro de "control del bienestar fetal" Me advierten que podría ser necesaria una cesárea.
Esto es lo que he podido averiguar sobre el crecimiento intrauterino retardado (CIR): se debe a un deficiente intercambio materno-fetal. La escasez de nutrientes y riego sanguíneo puede desembocar en sufrimiento fetal debido a que el bajo aporte de oxígeno provoca anoxia, esto da lugar a la acidulación de las células y puede terminar provocando la muerte del feto. Para detectar el "sufrimiento fetal" se registran los latidos cardiacos que no deben ser inferiores a 100 ni superiores a 160. Si hay sufrimiento fetal es preferible realizar la cesárea ya que el bebé aunque fuera prematuro tendría más probabilidades de sobrevivir fuera del útero.

17.5. Acudimos a urgencias porque durante 12 horas no he notado moverse a Noel que siempre se mueve bastante. Además tengo dolor abdominal que aumenta y afloja periodicamente. Me hacen una exploración, el bebé está bien pero estoy sufriendo contracciones cada 10 minutos y eso es demasiado frecuente para la semana 33. Me ponen una inyección de corticoides para ayudar a la maduración pulmonar del feto y un medicamento por goteo para parar las contracciones. Me ingresan en la sección de preparto. Estoy muy asustada pero no dejan entrar a Antonio y estoy completamente sola. Además he tenido que discutir con una enfermera porque tendría que haberme tomado ya mis medicinas para el trasplante pero nadie me trae agua ni algo de comer.

18.5. El nuevo registro ha salido normal, ya no tengo contracciones, me sacan de preparto y me llevan a planta. Si mañana la cosa sigue así me darán el alta. La nueva enfermera es muy amable, me cuenta que no debo tocarme mucho la tripa porque eso libera oxitocina y puede provocar contracciones. Noel tendrá que acostumbrarse a que deje de acariciarle.

19.5. Me dan el alta. 

28.5. Nuevo control del bienestar fetal. Duración 20 minutos. Resultados normales. 
Me mandan medicación para la tensión alta y me dicen que si supero los 14/9 vaya por urgencias.

30.5. Acudo a urgencias por la hipertensión y me ingresan de nuevo. Me ponen otra dosis de corticoides para ayudar a la maduración pulmonar del bebé.

31.5. La tensión vuelve a la normalidad pero han decidido que me quede ingresada.

2.6. Control del bienestar fetal bien. 

4.6. Nuevo control. La placenta está sufriendo envejecimiento prematuro y el líquido amniótico es escaso. El doctor me dice que no se puede retrasar más la cesárea, me operarán dentro de dos días.

5.6. Entrevista con el anestesista para la epidural. Aunque tenga que ir en ayunas a la operación (como es habitual) debo tomar toda mi medicación cuando corresponda.

El 6 de junio de 2002 nació mi hijo Noel por cesárea programada. A las 35 semanas de edad gestacional. Pesó 1900 gramos y midió 43 cm. Por suerte no nació ni muy pronto ni muy pequeño. 

Noel a los 4 días de vida (la mano es la mía)
Él fue directamente a la incubadora. Yo permanecí durante 48 horas en una unidad de cuidados intensivos. Probablemente hayan sido las 48 horas más dolorosas de mi vida, sin poder conocer a mi hijo más que por una filmación que me enseñó mi marido al que dejaban estar conmigo 15 minutos  dos veces al día. Pero  esa historia es para otro momento. Hoy se trataba de terminar de contaros la crónica de mi largo y complicado camino hacia la maternidad, y esta historia solo tiene un final y es un final muy muy feliz: mi hijo Noel.



Noel a los 10 días de vida
Quiero terminar recordándoos que esto no es más que un relato de mi historia personal. Y si la cuento es para dar apoyo a aquellas mujeres que pasen por circunstancias parecidas, pero por supuesto no con intención de aconsejar a nadie que decida tener un hijo. Cada persona es un mundo, cada uno tenemos nuestras propias complicaciones médicas y no se puede trasladar la experiencia de uno a otro. Hay trasplantadas que quizás no pasaron por tantos años de altibajos, pero también las hay que lamentablemente no pudieron disfrutar de un final feliz como el mío. 
Mi relato quiere servir para que no pierdas la esperanza en las horas bajas, pero si lo has leído atentamente y desde el principio verás que nunca dejé de hacer lo que me recomendaban los médicos y consulté a los especialistas desde el primer momento. 
Si de verdad estás pensando en ser madre, habla primero con tu médico.


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Fotos propiedad de Esther García Schmah

Comentarios

  1. Qué guapote!! Tu marido y tu podéis estar orgullosos, es un camino largo, como bien has relatado en todas las entradas que han configurado tu historia del embarazo, pero cuando el final es éste todas las dificultades habrán merecido la pena. Y haciendo referencia a lo que tú apuntas siempre ("todo con cabeza") supongo que este final feliz vino dado también por eso, por ceñirte a lo que los expertos te iban indicando y sin hacer nada por puro impulso.

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    1. A qué sí! Será amor de madre pero a mi me parece muy guapo. Efectivamente todo mereció la pena, de hecho son dificultades que ya están olvidadas y probablemente si en su día no las hubiera escrito, no habría sido capaz de relatarlas aquí. Como dices, quiero pensar que nuestra actitud de hacer todo responsablemente tuvo mucho que ver con que saliera bien, aunque también tuvieramos un poquito de suerte.

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