De paciente a familiar de paciente. Mi camino hacia la maternidad (con un trasplante de riñón) Parte III

Mi marido trata de ser fuerte y de permanecer esperanzado ante todos los desafíos que nos va poniendo la vida; pero a veces, cuando se siente muy cansado a causa de su enfermedad o piensa en los síntomas que tiene y con los que tendrá que aprender a convivir de por vida, no puede evitar sumergirse en una pequeña depresión.

(... continuación de la Parte II)

De paciente a familiar de paciente

Imagino el miedo que debe sentir, supongo que todos los temores que pasan por mi cabeza, como la posibilidad de que no pueda caminar en un futuro, pasan por la suya multiplicados por tres. Me duele verle en este estado e intento levantarle el ánimo pero sé que lo está pasando muy mal. Él es una persona luchadora y con una gran voluntad, pero se sumerge con más facilidad en lo negativo de las situaciones. A menudo he deseado que esta nueva zancadilla me la hubiesen puesto a mí, pero las zancadillas no las pone nadie, solo aparecen. Supongo que haber vivido la enfermedad desde niña en mi propia persona y haber salido siempre adelante me ha hecho ver las cosas con más esperanza o quizás simplemente me resigno más fácilmente a lo inevitable, lo que no puede ser cambiado y trato de sacar el mayor jugo posible a las cosas sobre las que sí puedo actuar. Siempre me he considerado feliz, incluso en días como el de hoy en el que me he pasado la mañana deshaciéndome en lágrimas por dentro y por fuera. 

Nietzsche decía que "quién tiene algo por lo que vivir es capaz de soportar cualquier como" Lo leí en un libro escrito por un psiquiatra (Viktor Frankl) que estuvo preso en el campo de concentración de Auschwitz. En este libro, titulado el hombre en busca de sentido, se explicaba que las personas que mejor conseguían sobreponerse a las tragedias más duras y seguir luchando por la vida eran aquellas que tenían un motivo claro por el que vivir, para ellos la vida tenía sentido. Pero este "sentido" no tenía porque ser forzosamente algo trascendental como la existencia de un Dios, ni siquiera algo tan poético como reencontrarse con la familia o el amor perdido. Los motivos podían ser tan dispares como el deseo de tener una casita propia, cuidar gallinas en una granja o aprender a nadar; cualquier cosa valía con tal de  que sirviese de motivación a la propia persona.

Mi motivo es muy sencillo, lo que me hace darle sentido a la vida es que todos los días me levanto con ganas de ver el día siguiente. Estoy tan convencida de que ese nuevo día estará tan lleno de pequeños detalles que me harán sonreír, que los detalles tristes que contenga no son suficientes para destruir mi ilusión. Me pregunto si esto será siempre igual o llegará un día en que me pesen tanto las horas que no quiera saber que habrá después de que el reloj de las 00:00.

El sentido que mueve mi vida no es tener un hijo y si al final no puedo tenerlo trataré de seguir siendo lo más feliz posible manteniendo vivas otras ilusiones. Pero el sentido de mi vida tampoco es amoldarme a las circunstancias y sortear los baches por la parte más fácil.

Cuando supimos que Antonio podía tener esclerosis múltiple tratamos de ser realistas y nos preguntamos a nosotros mismos si podríamos afrontar todos los cuidados y necesidades que plantea tener un hijo. Tuvimos miedo y eso casi nos hace cometer un error: abandonar un sueño antes de tiempo.

Tener sueños pierde todo su sentido si no se tiene intención de luchar por ellos y solo cuando son imposibles o irracionales deben superarse y cambiarse por otros.

Me he propuesto firmemente que no seré una mujer amargada u obsesionada por no tener hijos, pero también me he propuesto que cada vez que la vida me derribe me levantaré, limpiaré el polvo de mi vestido y trataré de seguir por el camino que yo he trazado en el mapa y no por el que el capricho del azar se empeñe en llevarme. Tengo muy claro que ahora ese camino va dirigido a que mi marido reciba la mejor atención posible  y a que aprendamos a vivir con esta nueva situación y en ese recorrido está el deseo de que seamos tres en la familia, si renuncio a ello y cambio de ruta será solo porque el sendero se acabe.
Ahora me siento con fuerzas de responder a la pregunta que tanto miedo me daba ¿podremos atender adecuadamente a nuestro hijo pase lo que pase? Pues claro que sí. ¿O acaso el sufrimiento pone límites al amor?

Puede que nuestro futuro no sea sencillo, pero quién sabe cómo será el futuro. Hay algo que sí sé, sean cuales sean las circunstancias en las que nos encontremos mi marido y yo, a nuestro hijo jamás le faltará un amor incondicional y gente que le enseñe que siempre merece la pena despertarse para ver un nuevo día.

(seguir leyendo Parte IV)

 Foto: Parque Vigeland, Oslo (Noruega) © Esther García Schmah

Comentarios

  1. ¿Es egoísta que mi motivo para vivir sea yo? A mi familia le dicen que los solteros sin hijos llevamos peor el lupus, que no tenemos motivos para luchar, que nos dejamos más... Pero mi mayor motivo para vivir es que quiero vivir.

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    1. Lo que sería egoísta, según mi punto de vista, sería tener hijos para que te ayuden a superar una enfermedad. Tener hijos o no tenerlos (me da igual si uno está enfermo o sano) es una decisión personal que no incumbe a los demás para nada. Es posible que haya estudios que demuestren que la gente con hijos se cuida más, pero ya sabes las medias no dicen nada de las personas como individuos (y sino que me digan quién en España tiene 0,2 hijos. Porque al parecer la media es 1,2 y si yo tengo 1…) Yo conozco muchos estudios que dicen que las personas religiosas superan la adversidad mucho mejor; no dudo que la media dirá eso, pero yo no soy creyente y me las he apañado para seguir adelante siempre con optimismo e ilusión. Así que tú para adelante con tus ilusiones y ni caso de lo que digan.

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    2. Pienso igual. Una vez me dijeron (cuando estaba más sana que ahora) que si no tenía hijos quién iba a cuidar de mí cuando fuese mayor. Y respondí que no iba a engendrar futuros cuidadores de ancianos.
      Como dices es una decisión personal y las estadísticas no deberían ser sentencias cuando la situación de cada persona es diferente.
      Me gusta tu razón :)

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