
Si tu hijo es pequeño y nunca ha dormido fuera de casa es bastante probable que ese sea
su principal foco de preocupación.
Expresando el miedo
Como a tu hijo aún le cuesta expresar sus dudas y temores verbalmente,
mostrará estos sentimientos de otras maneras. Lo más habitual es el llanto y es
el que mejor permite interpretar lo que está sintiendo. Pero debes tener en
cuenta que el malhumor, la falta de apetito, las dificultades para dormir,
también pueden ser la manifestación de su angustia. Si tu hijo nunca cogía
rabietas y de pronto las tiene, si le encantaba dibujar y ahora no quiere ni
ver los lápices de colores,... puede que se deba tan solo a su malestar físico,
pero también puede estar indicando su estado anímico.
Cosas que le ayudarán a sentirse mejor
Tu comprensión y tu cariño serán los que ayudarán a tu hijo a afrontar
este duro momento, pero también hay algunas cosillas que pueden
favorecer su mejor adaptación al hospital. Te las cuento a continuación para
que puedas ponerlas en práctica:
- El aburrimiento es un camino directo hacia la angustia. Si tu peque se aburre tendrá más tiempo de pensar en sus miedos, estará más atento a sus dolores y además el tiempo se le hará eterno. Por eso es importante mantenerle distraido. Llévale sus juegos y juguetes favoritos, anímale a pasear si su estado lo permite, aprovecha para leerle algún libro infantil,...
- Te has dado cuenta de que los chiquitines a veces no lloran al caerse sino después, cuando ven llegar a su madre corriendo con cara de preocupación. Eso es porque aunque el golpe no les haya dolido, identifican la preocupación de los padres automáticamente como propia. Por ello es esencial que delante de vuestro hijo intentéis mostraros siempre optimistas y relajados.
- Explícale de forma sencilla, pero sin mentirle, las pruebas que le van a hacer. Si le van a pinchar no le digas que no le dolerá, dile que dolerá un poquito pero que le ayudará a curarse para volver antes a casa. La incertidumbre siempre genera miedo, al prepararle previamente para las pruebas que le van a realizar le ayudas a afrontarlas mejor y al saber que son el camino para su recuperación colaborará mejor por duro que sea.
- Nunca utilices expresiones del tipo "si no comes tendrán que ponerte una inyección". Esto solo provocaría que el niño viera su estancia en el hospital como un castigo y generaría miedo y rechazo hacia los médicos y los tratamientos. Como he comentado antes, es mejor buscar su colaboración explicándole que así se pondrá bueno más rápido.
Esther García Schmah
Psicóloga y pedagoga
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